jueves, 29 de julio de 2010

Una Quijotada

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído” JLB

Comenzando un curso de literatura, mal llamado "grandes clásicos", leíamos un texto de Ítalo Calvino acerca de por qué leer los clásicos, yo tenía mi respuesta, y coincidía con algunas de las opciones que planteaba Calvino, pero la que más me llamó la atención es que cada vez que leía un libro que consideraba clásico, redescubría un universo nuevo de significados.

Desde siempre, el mundo ha formado parte material en la vida del hombre, ha sido su instrumento, su recurso, su acompañante, y también ha sido su inspiración, este se transforma en símbolo y en idea, en maravilla y en temor, ha dejado en el hombre una curiosidad sana que lo ha llevado a fabricar diferentes interpretaciones.

El primer autor de este ciclo, cronológicamente es Dante, leer a Dante es un viaje por el universo del Medievo, la concepción de mundo, la división de poderes, la influencia religiosa de la iglesia, al igual que La Odisea es una travesía, solo que algo más mística, y personal; un delicado paso literario al renacimiento; con seguridad, La Divina Comedia más adelante cuando la lea completa y no por fragmentos y obligada, adquiera un significado nuevo y más profundo para mí.

Ahora bien, Shakespeare y Cervantes son contemporáneos, ambos en el auge del renacimiento de sus países, artistas y autores que innovaron con sus escritos y dejaron una huella en la literatura universal, ambos hacen parte de mis clásicos por excelencia.

Shakespeare, por su parte logró retratar en sus obras, tanto tragedias como comedias, la naturaleza humana en todo su esplendor, así como el contexto histórico en el que vivía, las pasiones y sentimientos de sus personajes excelentemente construidos, tanto así que aún son canónicos y punto de referencia para otros autores y situaciones contemporáneas.

En sus obras, Shakespeare afrontó los grandes problemas de la existencia, así por ejemplo, Otelo, es la tragedia universal de los celos; Macbeth, la de la ambición política, y Rey Lear, la de la humana ingratitud, Romeo y Julieta, un drama de amor; El mercader de Venecia, una comedia de avaricia corrosiva, mujeres astutas, y hombres nobles.

Ahora Cervantes, el manco de Lepanto, gran símbolo de la literatura española, tanto así que es una Quijotada[1] no conocer algo de su trayectoria y de este personaje que logró volverse loco sin perder la razón y enseñarle a la humanidad una particular manera de vivir.La novela marcó el paso a la modernidad literaria, al revolucionar las estructuras narrativas el lenguaje, el tiempo, los personajes, los puntos de vista y la función del narrador.

Marcó una pauta para el trabajo de los grandes escritores que vinieron después de él. Como lo dijo Vargas Llosa, “Las relaciones entre la ficción y la vida, tema recurrente de la literatura clásica y moderna, se manifiestan en la novela de Cervantes de una manera que anticipa las grandes aventuras literarias del siglo XX”, La modernidad se evidencia en el espíritu rebelde, justiciero, que lleva al Quijote a asumir como su responsabilidad cambiar el mundo, los ideales que más adelante defenderían los revolucionarios europeos y que de hecho aún se defienden en Guerras, revueltas o manifestaciones.

En el quijote, la ficción –con la imaginación y el idealismo– es la protagonista. Es la mezcla de ficción y realidad en la vida de Don Quijote, lo que hace el relato tan delicioso. La extrema libertad de los personajes al aventurarse y luchar por lo que creen que es cierto o lo por lo que es cierto para ellos pero que nadie cree. Después de leer el quijote, –y digo “leerlo” no literalmente pues es un propósito que no se logra en dos semanas– mi alma adquiere vitalidad, al pensar en ese personaje perfecto, es sus temperamentos coléricos, efusivos, a veces melancólicos en su relación con el mundo,.


[1] Quijotada: Acción propia de un quijote, Hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo. www.rae.es

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