“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído” JLB
Comenzando un curso de literatura, mal llamado "grandes clásicos", leíamos un texto de Ítalo Calvino acerca de por qué leer los clásicos, yo tenía mi respuesta, y coincidía con algunas de las opciones que planteaba Calvino, pero la que más me llamó la atención es que cada vez que leía un libro que consideraba clásico, redescubría un universo nuevo de significados.
Desde siempre, el mundo ha formado parte material en la vida del hombre, ha sido su instrumento, su recurso, su acompañante, y también ha sido su inspiración, este se transforma en símbolo y en idea, en maravilla y en temor, ha dejado en el hombre una curiosidad sana que lo ha llevado a fabricar diferentes interpretaciones.
El primer autor de este ciclo, cronológicamente es Dante, leer a Dante es un viaje por el universo del Medievo, la concepción de mundo, la división de poderes, la influencia religiosa de la iglesia, al igual que La Odisea es una travesía, solo que algo más mística, y personal; un delicado paso literario al renacimiento; con seguridad, La Divina Comedia más adelante cuando la lea completa y no por fragmentos y obligada, adquiera un significado nuevo y más profundo para mí.
Ahora bien, Shakespeare y Cervantes son contemporáneos, ambos en el auge del renacimiento de sus países, artistas y autores que innovaron con sus escritos y dejaron una huella en la literatura universal, ambos hacen parte de mis clásicos por excelencia.
Shakespeare, por su parte logró retratar en sus obras, tanto tragedias como comedias, la naturaleza humana en todo su esplendor, así como el contexto histórico en el que vivía, las pasiones y sentimientos de sus personajes excelentemente construidos, tanto así que aún son canónicos y punto de referencia para otros autores y situaciones contemporáneas.
En sus obras, Shakespeare afrontó los grandes problemas de la existencia, así por ejemplo, Otelo, es la tragedia universal de los celos; Macbeth, la de la ambición política, y Rey Lear, la de la humana ingratitud, Romeo y Julieta, un drama de amor; El mercader de Venecia, una comedia de avaricia corrosiva, mujeres astutas, y hombres nobles.
Ahora Cervantes, el manco de Lepanto, gran símbolo de la literatura española, tanto así que es una Quijotada[1] no conocer algo de su trayectoria y de este personaje que logró volverse loco sin perder la razón y enseñarle a la humanidad una particular manera de vivir.La novela marcó el paso a la modernidad literaria, al revolucionar las estructuras narrativas el lenguaje, el tiempo, los personajes, los puntos de vista y la función del narrador.
Marcó una pauta para el trabajo de los grandes escritores que vinieron después de él. Como lo dijo Vargas Llosa, “Las relaciones entre la ficción y la vida, tema recurrente de la literatura clásica y moderna, se manifiestan en la novela de Cervantes de una manera que anticipa las grandes aventuras literarias del siglo XX”, La modernidad se evidencia en el espíritu rebelde, justiciero, que lleva al Quijote a asumir como su responsabilidad cambiar el mundo, los ideales que más adelante defenderían los revolucionarios europeos y que de hecho aún se defienden en Guerras, revueltas o manifestaciones.
En el quijote, la ficción –con la imaginación y el idealismo– es la protagonista. Es la mezcla de ficción y realidad en la vida de Don Quijote, lo que hace el relato tan delicioso. La extrema libertad de los personajes al aventurarse y luchar por lo que creen que es cierto o lo por lo que es cierto para ellos pero que nadie cree. Después de leer el quijote, –y digo “leerlo” no literalmente pues es un propósito que no se logra en dos semanas– mi alma adquiere vitalidad, al pensar en ese personaje perfecto, es sus temperamentos coléricos, efusivos, a veces melancólicos en su relación con el mundo,.
[1] Quijotada: Acción propia de un quijote, Hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo. www.rae.es
Divagaciones, trabajos, aforismos, favoritos, el enredo que hay en mi cabeza, dispuesto a ser desatado.
jueves, 29 de julio de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Un verdadero soldado de Plomo
¡Adelante, guerrero valiente!
¡Adelante, te aguarda la muerte!
Si a Juan de Jesús Loaiza le preguntan hoy en día, cuál es su peor enemigo, él, sin vacilar un momento, responde: las lentejas. Sí, ese alimento que tantas veces tuvo que comer mientras estaba en la selva, en medio de combates, emboscadas, persecuciones. Esas lentejas cocinadas con agua y nada más, flotando entre la inmundicia de los residuos y la mugre, que muchas veces en la oscuridad de la noche y en las frías madrugadas calmaron su hambre.
Loaiza como lo llaman sus compañeros y amigos, ingresó a las filas del Ejército en 1999 cuando tenía 16 años. Estando allí aprendió de la forma más dura el significado del compañerismo, del sacrificio, de la verdadera camaradería. Después de dedicar más de 5 años al servicio de la patria y ya en calidad de suboficial, tan solo 6 meses luego de graduarse, sufrió el accidente que literalmente partiría su vida en dos.
Ese día, el 7 de mayo de 2004, Loaiza y sus compañeros cuidaban la carretera Bogotá -Medellín, cuando de pronto las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) secuestraron a una importante mujer. Los miembros del Ejército recibieron la orden de encontrarla, e inmediatamente iniciaron la persecución.
Tres días después, mientras caminaban en medio de la selva, se encontraron con un campo minado. Juan de Jesús Loaiza dio el primer paso con su pie derecho y pisó una mina antipersona.
Fue entonces cuando comenzó la nueva vida de este hombre. Su historia se dividió en dos y como el “Soldadito de plomo” de Hans Christian Andersen, Loaiza tuvo que afrontar la pérdida de su extremidad inferior y, con ello, perdió también la oportunidad de levantarse con su pie derecho una mañana más.
Cuando pisó la mina, todo fue oscuridad. La siguiente vez que vio la luz fue en el hospital Pablo Tobón Uribe de Medellín, donde fue trasladado de urgencias. Allí estuvo hospitalizado un mes, impotente, adolorido, sin ganas de vivir. Loaiza dice que pensó seriamente en suicidarse, tirándose al vacío por la ventana de su habitación:
“No me podía bajar de la cama, tenía la pierna izquierda herida, la mano derecha también, el pie derecho no lo tenía y la única mano que tenía disponible era la izquierda y era donde estaban todos los sueros y los mecanismos”
Cuando regresó a Bogotá, no volvieron sus sueños, sus metas ni sus ganas de salir adelante y de vivir una vida normal. Con él sólo llegó el resentimiento y la impotencia, la furia y la incapacidad de amar y de ser alguien productivo, él creyó que su vida estaba acabada.
Loaiza no tenía ni la más remota idea de lo que era una prótesis, cuáles tecnologías existían, no sabía siquiera si podría usar una. Él pensó que se iba a quedar en una silla de ruedas para siempre, acongojado y abandonado por todos. Sin embargo, se propuso investigar e ir en búsqueda de la parte de su cuerpo que faltaba.
A los dos meses de haber llegado, comenzó a hacer las vueltas para conseguir la prótesis. El Batallón de Sanidad del Ejército lo había acogido y sus terapias habían comenzado con éxito. Conoció a otras personas en condición de discapacidad que estaban incluso mucho peor que él. Les faltaban las manos, la vista, la audición, muchas y más complejas patologías. Se enteró además de La Liga de Deportistas con Discapacidad de las Fuerzas Armadas, “LIDIFA” y lo invitaron a participar.
En ese momento Loaiza recordó su juventud, su afición a la bebida y a las peleas callejeras, su total desinterés por el estudio y por los deportes. A duras penas caminaba de vez en cuando. No creía que tuviera talento para nada, y se repetía a sí mismo que si no había sido un buen deportista cuando estaba completo, ahora que le faltaba la mitad de su cuerpo y tenía un 97% de discapacidad, mucho menos.
Arrancó con atletismo en silla de ruedas, luego con natación, y más adelante con tiro al blanco; pero lo que realmente lo apasionó fue el atletismo de campo. Dice él que un día estaba en un campeonato de natación en Bucaramanga y le insistieron para que se inscribiera en una prueba de atletismo. Le dio tres vueltas al estadio y terminó en primer lugar. Su muñón sangraba y su pierna estaba adolorida, pero el éxtasis del triunfo lo compensaba todo.
Pasaron los años y Loaiza seguía compitiendo y ganando. En 2006 lo invitaron a practicar montañismo, un hobby bastante exigente. Se organizaron varias expediciones, una a la Sierra Nevada del Cocuy, y otra al cerro de Pan de Azúcar. Pero una vez conquistados los picos más altos de Colombia, Loaiza y sus compañeros querían llegar más allá de donde ningún hombre había llegado.
Surgió entonces la idea de la expedición ‘Huella 2009, a la conquista del Aconcagua’, Juan de Jesús, junto con cuatro miembros de su equipo, partió hacia Argentina el 10 de enero.
Durante días de intensa actividad física, mental y esfuerzos, se encontraron con obstáculos como los Montañistas de diferentes partes del mundo –que por cierto los miraban por debajo del hombro por su discapacidad- y condiciones climáticas difíciles. Sintieron un latente miedo a la muerte y al hecho de no poder llegar a la cima. Los 5 hombres trabajaron duro para lograr su meta.
El equipo coronó la cima después de 12 días, el 22 de Enero de 2009 la bandera, que durante todo el tiempo estuvo en manos de Juan de Jesús, ondeaba en lo más alto de Latinoamérica.
Mientras estaban en la cima, Loaiza y sus compañeros lloraron, se abrazaron, pensaron en todos sus colegas muertos en combate, en los amigos que habían enterrado, en los que se debatían entre la vida y la muerte. Pensaron en sus familias, en el orgullo mutuo que sentían. Redimieron sus culpas y agradecieron por estar vivos en la cumbre de una montaña donde anualmente suben alrededor de 7000 personas pero sólo 2500 logran llegar al final del viaje.
No era sólo el mérito de llegar a la cima: era el de haber llegado unidos como equipo, el de haber representado a todos aquellos colombianos en condición de discapacidad, héroes de la patria, esposos, papás, amigos; Representado incluso al nuevo equipo de discapacitados bilaterales, quienes planean subir con ellos a la Sierra Nevada del Cocuy este año.
Cuando Loaiza llegó a Bogotá, le propusieron participar en la Media Maratón de New York. Se abría otra puerta y se generaban nuevas expectativas. Este reto implicaba mucha preparación en poco tiempo y además de eso, significaba el miedo de no poder llegar a la meta. Él no dormía pensando en el día de la carrera. Sin embargo, la asumió y llegó firme hasta la última instancia, sin flaquear por un minuto, de nuevo con la ondeante bandera de Colombia en sus manos.
Chucho, como le dice su mamá, se sintió el hombre más afortunado del mundo el día en que conoció a la mujer que sería su esposa, una fisioterapeuta de la Universidad del Rosario que estaba realizando las prácticas en el batallón. El flechazo fue inmediato, se enamoraron y se casaron apenas hace seis meses. El soldadito de plomo que no creía en sí mismo conoció a su soñada bailarina, la vida se encargó de demostrarle que para amar se necesita solamente corazón.
“La vida no es para andar borracho para andar peleando para andar mirando a la gente rayado. La vida es para aprovecharla, sacarle cosas buenas, disfrutarla. Hoy en día la vida para mí es todo, toca no arriesgarse, porque hay que pensar en el futuro de la familia”
Al hablar de resentimientos Loaiza asegura que al principio sentía mucha rabia y sed de venganza, pero que después de hablar con una religiosa en el batallón, comenzó a ver la vida de otra manera. Oró por quienes necesitaba perdonar, oró también por no haber valorado lo que tenía, por haber actuado en algunas ocasiones con arrogancia y por haber mirado a sus semejantes con desdén. Ahora dice que no siente por las FARC más que lástima.
Hoy se pregunta qué habrá pasado con la señora que secuestraron esa vez en la carretera Bogotá – Medellín, y espera que por lo menos la hayan rescatado de sus captores. Pide que la suerte de sus compañeros de lucha, no sea la misma con la que corrió él. Valora los soldados que día a día atraviesan en país de norte a sur, de oriente a occidente, esos héroes de carne y hueso que brindan sus servicios a la patria sagrada.
Ahora Loaiza espera una entrevista en una empresa de artefactos ortopédicos que se comprometió a entregarle una prótesis profesional utilizada especialmente para correr, pues la que tiene ahora, la que siempre ha tenido y la que tanto quiere, es simplemente para caminar.
Chucho reparte su tiempo entre su vida marital, sus entrenamientos, su microempresa de confección de pantalones y su hobby, el montañismo. No tiene tiempo para odiar, para resentir y para lamentarse de lo que pudo ser y nunca pasó. Loaiza es un hombre feliz.
Por eso sé que si a Juan de Jesús Loaiza le preguntaran hoy en día, ¿cuál es su peor enemigo? Él, sin vacilar un momento, responderá: Las lentejas.
DANIELA ANDREA VACA CORREA
¡Adelante, te aguarda la muerte!
Si a Juan de Jesús Loaiza le preguntan hoy en día, cuál es su peor enemigo, él, sin vacilar un momento, responde: las lentejas. Sí, ese alimento que tantas veces tuvo que comer mientras estaba en la selva, en medio de combates, emboscadas, persecuciones. Esas lentejas cocinadas con agua y nada más, flotando entre la inmundicia de los residuos y la mugre, que muchas veces en la oscuridad de la noche y en las frías madrugadas calmaron su hambre.
Loaiza como lo llaman sus compañeros y amigos, ingresó a las filas del Ejército en 1999 cuando tenía 16 años. Estando allí aprendió de la forma más dura el significado del compañerismo, del sacrificio, de la verdadera camaradería. Después de dedicar más de 5 años al servicio de la patria y ya en calidad de suboficial, tan solo 6 meses luego de graduarse, sufrió el accidente que literalmente partiría su vida en dos.
Ese día, el 7 de mayo de 2004, Loaiza y sus compañeros cuidaban la carretera Bogotá -Medellín, cuando de pronto las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) secuestraron a una importante mujer. Los miembros del Ejército recibieron la orden de encontrarla, e inmediatamente iniciaron la persecución.
Tres días después, mientras caminaban en medio de la selva, se encontraron con un campo minado. Juan de Jesús Loaiza dio el primer paso con su pie derecho y pisó una mina antipersona.
Fue entonces cuando comenzó la nueva vida de este hombre. Su historia se dividió en dos y como el “Soldadito de plomo” de Hans Christian Andersen, Loaiza tuvo que afrontar la pérdida de su extremidad inferior y, con ello, perdió también la oportunidad de levantarse con su pie derecho una mañana más.
Cuando pisó la mina, todo fue oscuridad. La siguiente vez que vio la luz fue en el hospital Pablo Tobón Uribe de Medellín, donde fue trasladado de urgencias. Allí estuvo hospitalizado un mes, impotente, adolorido, sin ganas de vivir. Loaiza dice que pensó seriamente en suicidarse, tirándose al vacío por la ventana de su habitación:
“No me podía bajar de la cama, tenía la pierna izquierda herida, la mano derecha también, el pie derecho no lo tenía y la única mano que tenía disponible era la izquierda y era donde estaban todos los sueros y los mecanismos”
Cuando regresó a Bogotá, no volvieron sus sueños, sus metas ni sus ganas de salir adelante y de vivir una vida normal. Con él sólo llegó el resentimiento y la impotencia, la furia y la incapacidad de amar y de ser alguien productivo, él creyó que su vida estaba acabada.
Loaiza no tenía ni la más remota idea de lo que era una prótesis, cuáles tecnologías existían, no sabía siquiera si podría usar una. Él pensó que se iba a quedar en una silla de ruedas para siempre, acongojado y abandonado por todos. Sin embargo, se propuso investigar e ir en búsqueda de la parte de su cuerpo que faltaba.
A los dos meses de haber llegado, comenzó a hacer las vueltas para conseguir la prótesis. El Batallón de Sanidad del Ejército lo había acogido y sus terapias habían comenzado con éxito. Conoció a otras personas en condición de discapacidad que estaban incluso mucho peor que él. Les faltaban las manos, la vista, la audición, muchas y más complejas patologías. Se enteró además de La Liga de Deportistas con Discapacidad de las Fuerzas Armadas, “LIDIFA” y lo invitaron a participar.
En ese momento Loaiza recordó su juventud, su afición a la bebida y a las peleas callejeras, su total desinterés por el estudio y por los deportes. A duras penas caminaba de vez en cuando. No creía que tuviera talento para nada, y se repetía a sí mismo que si no había sido un buen deportista cuando estaba completo, ahora que le faltaba la mitad de su cuerpo y tenía un 97% de discapacidad, mucho menos.
Arrancó con atletismo en silla de ruedas, luego con natación, y más adelante con tiro al blanco; pero lo que realmente lo apasionó fue el atletismo de campo. Dice él que un día estaba en un campeonato de natación en Bucaramanga y le insistieron para que se inscribiera en una prueba de atletismo. Le dio tres vueltas al estadio y terminó en primer lugar. Su muñón sangraba y su pierna estaba adolorida, pero el éxtasis del triunfo lo compensaba todo.
Pasaron los años y Loaiza seguía compitiendo y ganando. En 2006 lo invitaron a practicar montañismo, un hobby bastante exigente. Se organizaron varias expediciones, una a la Sierra Nevada del Cocuy, y otra al cerro de Pan de Azúcar. Pero una vez conquistados los picos más altos de Colombia, Loaiza y sus compañeros querían llegar más allá de donde ningún hombre había llegado.
Surgió entonces la idea de la expedición ‘Huella 2009, a la conquista del Aconcagua’, Juan de Jesús, junto con cuatro miembros de su equipo, partió hacia Argentina el 10 de enero.
Durante días de intensa actividad física, mental y esfuerzos, se encontraron con obstáculos como los Montañistas de diferentes partes del mundo –que por cierto los miraban por debajo del hombro por su discapacidad- y condiciones climáticas difíciles. Sintieron un latente miedo a la muerte y al hecho de no poder llegar a la cima. Los 5 hombres trabajaron duro para lograr su meta.
El equipo coronó la cima después de 12 días, el 22 de Enero de 2009 la bandera, que durante todo el tiempo estuvo en manos de Juan de Jesús, ondeaba en lo más alto de Latinoamérica.
Mientras estaban en la cima, Loaiza y sus compañeros lloraron, se abrazaron, pensaron en todos sus colegas muertos en combate, en los amigos que habían enterrado, en los que se debatían entre la vida y la muerte. Pensaron en sus familias, en el orgullo mutuo que sentían. Redimieron sus culpas y agradecieron por estar vivos en la cumbre de una montaña donde anualmente suben alrededor de 7000 personas pero sólo 2500 logran llegar al final del viaje.
No era sólo el mérito de llegar a la cima: era el de haber llegado unidos como equipo, el de haber representado a todos aquellos colombianos en condición de discapacidad, héroes de la patria, esposos, papás, amigos; Representado incluso al nuevo equipo de discapacitados bilaterales, quienes planean subir con ellos a la Sierra Nevada del Cocuy este año.
Cuando Loaiza llegó a Bogotá, le propusieron participar en la Media Maratón de New York. Se abría otra puerta y se generaban nuevas expectativas. Este reto implicaba mucha preparación en poco tiempo y además de eso, significaba el miedo de no poder llegar a la meta. Él no dormía pensando en el día de la carrera. Sin embargo, la asumió y llegó firme hasta la última instancia, sin flaquear por un minuto, de nuevo con la ondeante bandera de Colombia en sus manos.
Chucho, como le dice su mamá, se sintió el hombre más afortunado del mundo el día en que conoció a la mujer que sería su esposa, una fisioterapeuta de la Universidad del Rosario que estaba realizando las prácticas en el batallón. El flechazo fue inmediato, se enamoraron y se casaron apenas hace seis meses. El soldadito de plomo que no creía en sí mismo conoció a su soñada bailarina, la vida se encargó de demostrarle que para amar se necesita solamente corazón.
“La vida no es para andar borracho para andar peleando para andar mirando a la gente rayado. La vida es para aprovecharla, sacarle cosas buenas, disfrutarla. Hoy en día la vida para mí es todo, toca no arriesgarse, porque hay que pensar en el futuro de la familia”
Al hablar de resentimientos Loaiza asegura que al principio sentía mucha rabia y sed de venganza, pero que después de hablar con una religiosa en el batallón, comenzó a ver la vida de otra manera. Oró por quienes necesitaba perdonar, oró también por no haber valorado lo que tenía, por haber actuado en algunas ocasiones con arrogancia y por haber mirado a sus semejantes con desdén. Ahora dice que no siente por las FARC más que lástima.
Hoy se pregunta qué habrá pasado con la señora que secuestraron esa vez en la carretera Bogotá – Medellín, y espera que por lo menos la hayan rescatado de sus captores. Pide que la suerte de sus compañeros de lucha, no sea la misma con la que corrió él. Valora los soldados que día a día atraviesan en país de norte a sur, de oriente a occidente, esos héroes de carne y hueso que brindan sus servicios a la patria sagrada.
Ahora Loaiza espera una entrevista en una empresa de artefactos ortopédicos que se comprometió a entregarle una prótesis profesional utilizada especialmente para correr, pues la que tiene ahora, la que siempre ha tenido y la que tanto quiere, es simplemente para caminar.
Chucho reparte su tiempo entre su vida marital, sus entrenamientos, su microempresa de confección de pantalones y su hobby, el montañismo. No tiene tiempo para odiar, para resentir y para lamentarse de lo que pudo ser y nunca pasó. Loaiza es un hombre feliz.
Por eso sé que si a Juan de Jesús Loaiza le preguntaran hoy en día, ¿cuál es su peor enemigo? Él, sin vacilar un momento, responderá: Las lentejas.
DANIELA ANDREA VACA CORREA
viernes, 2 de julio de 2010
Previo a mi primera crónica
Corría el mes de marzo, y yo estaba emocionada con mi primer tema/personaje de crónica, no quería algo cliché y trillado, no quería tampoco algo estrambótico y dificil de entender, no quería una crónica de suplantación.
No quería basura verosímil, como muchas personas suelen escribir algo como "puedo escribir los versos más hermosos.... pero adornados con secretos y mentiras.." NO.
En cambio, Sí quería encontrar un personaje anónimo y darle voz, regalarle fuerza y reconocimiento, quería que mis palabras transmitieran sentimientos, maneras de ver el mundo e historias increíbles y ciertas.
finalmente, después de mucho buscar, encontré a Juan de Jesús Loaiza, un hombre que casi nadie conoce, pero que después de leer mi crónica será dificil de olvidar.
(continuará)
No quería basura verosímil, como muchas personas suelen escribir algo como "puedo escribir los versos más hermosos.... pero adornados con secretos y mentiras.." NO.
En cambio, Sí quería encontrar un personaje anónimo y darle voz, regalarle fuerza y reconocimiento, quería que mis palabras transmitieran sentimientos, maneras de ver el mundo e historias increíbles y ciertas.
finalmente, después de mucho buscar, encontré a Juan de Jesús Loaiza, un hombre que casi nadie conoce, pero que después de leer mi crónica será dificil de olvidar.
(continuará)
I hope we Believe, I do.
-I believe in the profession of journalism.
-I believe that the public journal is a public trust; that all connected with it are, to the full measure of their responsibility, trustees for the public; that acceptance of a lesser service than the public service is betrayal of this trust.
-I believe that clear thinking and clear statement, accuracy, and fairness, are fundamental to good journalism.
-I believe that a journalist should write only what he holds in his heart to be true.
-I believe that suppression of the news, for any consideration other than the welfare of society, is indefensible.
-I believe that no one should write as a journalist what he would not say as a gentleman; that bribery by one’s own pocketbook is as much to be avoided as bribery by the pocketbook of another, that individual responsibility may not be escaped by pleading another’s instructions or another’s dividends.
-I believe that advertising, news and editorial columns should alike serve the best interests of readers; that a single standard of helpful truth and cleanness should prevail for all; that the supreme test of good journalism is the measure of its public service.
-I believe that the journalism which succeeds best - and best deserves success - fears God and honors man; is stoutly independent, unmoved by pride of opinion or greed of power, constructive, tolerant but never careless, self-controlled, patient, always respectful of its readers but always unafraid, is quickly indignant at injustice; is unswayed by the appeal of privilege or the clamor of the mob, seeks to give every man a chance, and, as far as law and honest wage and recognition of human brotherhood can make it so, an equal change; is profoundly patriotic while sincerely promoting internal good will and cementing world-comradeship, is a journalism of humanity, of and for today’s world.
Walter Wiliams, Missouri school of journalism
-I believe that the public journal is a public trust; that all connected with it are, to the full measure of their responsibility, trustees for the public; that acceptance of a lesser service than the public service is betrayal of this trust.
-I believe that clear thinking and clear statement, accuracy, and fairness, are fundamental to good journalism.
-I believe that a journalist should write only what he holds in his heart to be true.
-I believe that suppression of the news, for any consideration other than the welfare of society, is indefensible.
-I believe that no one should write as a journalist what he would not say as a gentleman; that bribery by one’s own pocketbook is as much to be avoided as bribery by the pocketbook of another, that individual responsibility may not be escaped by pleading another’s instructions or another’s dividends.
-I believe that advertising, news and editorial columns should alike serve the best interests of readers; that a single standard of helpful truth and cleanness should prevail for all; that the supreme test of good journalism is the measure of its public service.
-I believe that the journalism which succeeds best - and best deserves success - fears God and honors man; is stoutly independent, unmoved by pride of opinion or greed of power, constructive, tolerant but never careless, self-controlled, patient, always respectful of its readers but always unafraid, is quickly indignant at injustice; is unswayed by the appeal of privilege or the clamor of the mob, seeks to give every man a chance, and, as far as law and honest wage and recognition of human brotherhood can make it so, an equal change; is profoundly patriotic while sincerely promoting internal good will and cementing world-comradeship, is a journalism of humanity, of and for today’s world.
Walter Wiliams, Missouri school of journalism
Como Siempre
Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.
Benedetti
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.
Benedetti
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